lunes, 14 de diciembre de 2015

Es el conocimiento, estúpidos.



En la actual campaña electoral, como suele suceder en otras ocasiones, la educación ocupa un lugar importante en cuanto a la altisonancia de las declaraciones. Altisonancia que no se corresponde ni mucho menos con la serenidad y espíritu reflexivo precisos para un tema tan delicado y de tanto alcance. Particularmente en una sociedad como la nuestra, y en una coyuntura como la actual,  donde los pilares de la economía y del bienestar no descansan como en otras épocas sobre los bienes materiales o, si lo hacen, no lo hacen directamente sobre ellos, sino sobre los procedimientos que rigen el diseño, la elaboración, la circulación y la distribución de bienes y servicios, en definitiva descansa sobre una riqueza fáctica y conceptualmente nueva en esta función y clave: El conocimiento

Y como corolario suyo ahora, más que nunca, importa la eficiencia y el rendimiento del aprendizaje.


La crisis en el rendimiento y en las expectativas de la universidad que está detrás de algunos fenómenos, como por ejemplo los MOOC, así lo han puesto de relieve. Las grandes corporaciones, a través de consorcios como la Open Education Alliance, coordinadas con las empresas tecnológicas, las universidades de excelencia y las administraciones de EE UU y otros países desarrollados, organizan la educación universitaria como negocios de "innovación disruptiva" en el sentido Christensen (March 6, 2013) [1], obteniendo al menor coste posible el conocimiento como materia prima de forma global, de la misma forma que en otras ocasiones se hacía con las fuentes materiales y de energía.

Sería preciso, y tarea de unos políticos conscientes, pues abordar estos temas con el énfasis suficiente, pero también con una matización y un despliegue de detalles adecuado. Y hacerlo de forma estratégica con un horizonte de alcance y con acciones tempranas, desde las primeras etapas educativas.

Así lo hemos planteado en trabajos de distinto tipo: Sobre la educación superior, cuando hemos hablado de la necesidad de una educación personalizada y abierta que utilice las potencialidades de las redes y de la tecnología, de la necesidad de un nuevo paradigma educativo que supere los estándares de los planteamientos industriales, 

En esta ocasión hubiéramos tenido una ocasión excepcional, se trata de una campaña distinta a lo que es habitual, con un resultado abierto. Lo que le atribuye un alcance y un impacto inéditos. Hacía tiempo que una situación así no se producía. Sin embargo no parece que se vaya a producir ninguna novedad en el planteamiento 

Ya que esto es así corresponde, dentro de un compromiso ciudadano y profesional, que los que tenemos alguna experiencia o simplemente algo que aportar desde el estudio, la experiencia o el desempeño profesional, contribuyamos, si no a una mayor clarificación, sí a  poner sobre la mesa las cuestiones que veamos relevantes, en la medida que podamos, con los medios a nuestro alcance.

Así queremos que suceda con temas que además no han aparecido en programas ni en debates, ni incluso en documentos técnicos. Llama la atención que en casos como el que citaremos, el máximo exponente en cuanto a profundización se siga llamando Nuevas Tecnologías, a tecnologías que así se denominaban hace 35 años. 
Nos estamos refiriendo a los temas de  la nueva educación, la de la sociedad del conocimiento, con sus desafíos y sus demandas. 
Temas en los que, con mayor  o menor acierto, y para decidirlo están los foros y ambientes especializados, he participado con publicaciones, investigaciones y trabajos, accesibles en la red, y lo que es más importante, he contribuido con una práctica de 38 años de docencia y funciones asociadas a ella, como son la formación del profesorado. De esos años 34 han sido trabajando en educación y formación ayudada por la tecnología digital.

He leído lo que he podido de los programas de los partidos, y he seguido su práctica con atención, en sus ejecutorias, y a través de las intervenciones de sus líderes y portavoces.

Lo primero que he observado es la ligereza y banalidad, cuando no frivolidad, que han empleado en el abordamiento de los temas educativos, y que no se compadece con la importancia, alcance y transcendencia de la cuestión.

De esta forma cosas que no se atreverían a hacer o a poner en cuestión relacioandas con ciencias duras, medicina, ingenierías, etc. lo hacen con la forma de aprender o de enseñar. Siendo tan sólidos los fundamentos científicos de las unas como de las otras, y si cabe más trascendentes las segundas porque afectan a nuestros hijos y a nuestro futuro como sociedad. 

Y lo hacen porque a su modo de ver no es rentable contraponer, a la hora de priorizar, ideas de utilidad inmediata o de popularidad a lo que establecen los consensos sobre principios teóricos o las experiencias de excelencia, apoyados por investigaciones básicas y desarrollos científicos teóricos ya probados.

Pues bien eso es algo común que se hace en educación, donde hay un desconocimiento de los consensos básicos sobre los principios teóricos de la instrucción y del aprendizaje. Así, a modo de ejemplo, en el colmo de lo que habitualmente viene siendo un marketing educativo, una estrategia publicitaria para vender una idea sobre la educación en plena campaña electoral, el partido, que hoy por hoy ejerce el gobierno y la máxima representatividad de los españoles, lanza las líneas de lo que debe ser el libro blanco de la educación, y en su contexto ofrece como mascarón de proa una propuesta sobre la formación y la evaluación, suponemos que docente, del profesorado. Y lo hace de la mano o coordinado por un catedrático de educación (él dice de Filosofía) cuyo conocimiento de las teorías de la educación y del aprendizaje, en línea con lo tratado, es al menos cuestionable. Según puede comprobarse en Google Scholar, el profesor Marina no ha realizado ninguna investigación empírica, no ya de las ideas que preconiza sino de ninguna. No obstante se pueden encontrar referencias de sus escritos, en su mayor parte libros de divulgación de sus ideas, y alguna cosa más. 
Pero sus publicaciones son suficientes, al menos, para conocer su pensamiento. Entre ellas, en una reseña de conferencia titulada significativamente “El timo de la sociedad de la información", podemos encontrar bastantes muestras de lo que piensa sobre educación en la sociedad actual. Como es por ejemplo la que sigue (Marina,  1998 p. 9):

¿En qué consiste el timo de la sociedad de la información? Tiene tres formulaciones. Primera: se presenta como liberadora cuando está produciendo sistemas solapados de dominio y sumisión. Segunda: parece favorecer la igualdad cuando está produciendo o manteniendo todo tipo de desigualdades. Tercera: aparenta estar al servicio del ser humano, pero la ideología que transmite convierte al sistema informático en autosuficiente, importante, divino, todopoderosa es la red, mientras que los hombres quedan reducidos a meros servidores, basura biográfica intercambiable.

Y más adelante avala sus ideas de la siguiente forma (Marina,  1998 p. 10):

Por su parte Raymond Barglow señala la paradoja de que aunque los sistemas de información y la interconexión aumentan los poderes humanos de organización e integración, de forma simultánea subvierten el tradicional concepto occidental de sujeto separado e independiente. «El paso histórico de las tecnologías mecánicas a las de la información, ayuda a subvertir las nociones de soberanía y autosuficiencia que han proporcionado un anclaje ideológico a la identidad individual desde que los filósofos griegos elaboraron el concepto hace más de dos milenios. En pocas palabras, la tecnología está ayudando a desmantelar la misma visión del mundo que en el pasado alentó».

Estos párrafos no desentonan notablemente del resto del escrito, que dejamos al juicio al lector. 

Si señalamos este caso es por su significación, pero el resto de casos, de los demás partidos y de sus propuestas,  no es distinto. Aunque no podamos señalar especificaciones al no haber propuestas tan concretas como la señalada del libro blanco, y el eco que ha tenido en la prensa, sobre todo en el diario El País de estos días,  y nos tengamos que limitar a las declaraciones genéricas de sus líderes o de los programas electorales.
No vamos a discutir la lista de enunciados solo avalados por argumentos supuestamente de sentido común, en clave de tertulia, como no son discutibles en esos términos las cuestiones planteadas antes. Por otra parte como no se nos dan argumentos basados en evidencias empiricas sobre los procesos de enseñar y aprender, tan complejos por lo menos como la aerodinámica y si cabe más transcendentes porque afectan a nuestros hijos y al país, tampoco podemos hablar mucho más. Como en esos casos habrí aque delimitar en que margen de decisiones nos movemos o se mueve la acción política por auténticos expertos en los temas, y sobre ellos plantear auténticas opciones. 

Pues bien para ayudar a los políticos y en la medida de lo posible a los ciudadanos, no así a los especialistas que sobre esto están lo suficientemente preparados, van las cinco aportaciones siguientes que no son las más importantes quizá pero que contrastan con lo que es comúnmente aceptado es esos medios pero que es común en las tendencias globales y avalado por el consenso de las teorías, las directivas internacionales y las investigadores:

1.  La educación en la era industrial al igual que sucede con otras actividades ha estado y está en buena medida determinada por los estándares. Estándares de producción y de servicios en otras ramas, y de enseñanza y evaluación en lo que respecta al aprendizaje. Actualmente estamos asistiendo a un cambio en el paradigma de la educación, en el que merced a las potencialidades de la tecnología se puede atender a los logros personales y a las características individuales de los alumnos como pautas para  la enseñanza y para la evaluación.

2. El mercado de trabajo ha cambiado y está cambiando afectado por los cambios de todo tipo que se están produciendo en todas las actividades y servicios, inducidos por la forma en que se representa el conocimiento en la nueva sociedad. Hay un grave déficit (algunos lo evalúan en millones) de profesionales en Europa no solo de técnicos en diseño de sistemas y en programación, sino en organización de datos, metadatos y análisis de datos para el comercio, la industria, las finanzas, los medios sociales de comunicación, la sanidad, la justicia y el derecho, el entretenimiento, etc, etc, etc. Esos cambios demandan, no enseñar a programar, como con frecuencia se ha dicho y se ha hecho en comunidades como la de Madrid, sino a un cambio de pensamiento que haga posible con su maduración no sólo la incorporación por los alumnos de competencias computacionales, sino una nueva forma más eficaz de resolver los problemas que plantea la realidad. Se trata del pensamiento computacional, de una nueva alfabetización digital completamente distinta y mucho más radical que la primera. Pensamiento y alfabetización que se han de trabajar en educación desde las primeras etapas y con un horizonte de veinte años como mínimo. Los poderes públicos deben abordar el currículo de pensamiento computacional en todos los niveles de forma inmediata,

E igualmente debe abordarse en la formación inicial del profesorado el pensamiento computacional en todas las especialidades y niveles, al igual como sucede con otras destrezas básicas

3. Actualmente se detecta una desafección a los estudios universitarios como uno de los temas de fondo de una crisis universitaria detectada por todos los observatorios de tendencias. Esa desafección ha sido abordada por universidades de “bajo coste” y por soluciones de innovación disruptiva de distinta manera. En unos casos con soluciones de acreditación con bajo rendimiento, lo cual a medio y a largo plazo agrava la crisis, y en otros con los conocidos cursos masivos (MOOC). Pero en ningún caso ha sido abordado el problema con soluciones conocidas por los expertos como de rendimiento, acercando los niveles de competencias acreditadas a las necesidades del mercado de trabajo, origen en muchos casos de la desafección.

4. La evaluación del profesorado es el tema que se plantea como clave. Pero antes de plantear la evaluación del profesorado habría que plantear cual es el modelo de calidad de referencia. Simplificando mucho hay dos opciones, el modelo de calidad total o basado en la satisfacción del usuario (en el caso de la educación habría que determinar quién es el usuario y a qué plazo) y el modelo de calidad centrado en el aprendizaje (también llamado centrado en el alumno), que persigue la eficiencia del aprendizaje. El primero se aplica a los modelos de negocio o de servicios que concluyen en un plazo limitado y son evaluables por sus resultados inmediatos a través de la satisfacción que producen en el cumplimiento de los objetivos para los que son definidos a plazo inmediato. Las metodologías empleadas son del tipo self-report study u otras modalidades de análisis empíricos. Los segundos se aplican a procesos que constituyen servicios o intervenciones sociales que no concluyen en un tiempo inmediato o son dificilmente evaluables a través de los resultados a corto plazo, y sí lo son a través de patrones o indicadores de eficiencia obtenidos a través de estudios longitudinales. Es el caso de los temas educativos, incluyendo la formación o el ejercicio de la función docente, donde el rendimiento del aprendizaje tiene estas características. En ellos cobran un papel clave las metodologías de evaluación formativas, las que estudian los procesos en su desarrollo.

5. La educación en las primeras etapas de desarrollo y en las competencias básicas debe hacerse en la lengua materna, en la que el niño ha aprendido a comunicarse, a expresar sus ideas y emociones y a representarlas. De esa forma se asegura un mejor ensamblaje en la construcción de su andamiaje cognitivo de las nuevas ideas conceptos y ejecuciones, y un aprendizaje más eficaz (UNESCO, 1961) (Zapata-Ros, 2012).

6. Actualmente hay recursos y potencial tecnológico para que los textos digitales abiertos puedan sustituir con claras ventajas de todo tipo a los libros tradicionales de texto, de los cuales se podría prescindir.



Obviamente estas seis cuestiones, cada una de ellas, son de la suficiente complejidad y sobre todo de una entidad y transcendencia como para, primero, no eludirlas del debate y, segundo, abordarlo no ceñido exclusivamente a la lid de la campaña electoral o trivializadas, sino para que sean planteadas de forma abierta y extensa por auténticos expertos, sin ocultar a la opinión ciudadana ninguno de los perfiles o efectos a largo plazo, o que condicione desarrollos futuros. 

«Es la economía, estúpido» (It's the economy, stupid) fue una frase que se hizo popular en la política estadounidense en 1992 durante la campaña electoral de Bill Clinton contra George H. W. Bush (padre). Se trataba de llamar la atención sobre este aspecto del debate frente a otros que, de esta forma, se consideraban de bastante menor importancia. Hoy habría que decir It is the knowledge, stupids!Es el conocimiento, estúpidos!


Referencias.-

Marina, J. A. (1998). El timo de la sociedad de la información. Quaderns del CAC, (2), 3-10. http://www.cac.cat/pfw_files/cma/recerca/quaderns_cac/Q2marina.pdf

UNESCO (1961). Empleo de las lenguas vernáculas en la enseñanza. UNESCO. MONOGRAFfAS  SOBRE  EDUCACI6N  FUNDAMENTAL.  VIII. http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001315/131583so.pdf

Zapata-Ros, M. (2012). La lengua materna y el aprendizajehttp://ticcritica.blogspot.com.es/2012/11/la-lengua-materna-y-el-aprendizaje.html

[1] Christensen is known for his theory of “disruptive innovation” in business, which holds that upstart challengers usually displace market incumbents by first establishing a toehold with low-cost products in markets that the incumbents are willing to cede. Over time, the challengers manage to increase quality while still keeping costs low, taking over successively higher-margin markets until they finally dominate the market as a whole.